La luz de la vida
9 de agosto de 1985, 8:30, suena el teléfono.
- Rosa Mari, ya está aquí, ya ha nacido y es una niña. Es preciosa, mamá y la bebé están perfectas, mamá está descansando. ¡Es preciosa!. A las 10:30 os vendré a recoger, estad preparadas.
- ¿Una niña? ¿Ya? ¿No tenían que operar a mamá más tarde?, vale papá, ya estamos despiertas y José Miguel también. No vestimos y vienes cuando puedas. Dale un beso muy grande a mamá y a la niña.
Así desperté hace 40 años, unos años que han pasado volando, en los que hemos vivido de todo, cosas buenas (la gran mayoría), cosas regulinchis (muchas), quizás demasiadas, cosas malas (algunas), por desgracia esto no se puede evitar. Pero, el nacimiento de esta niña, fue la mayor alegría por la que ha pasado nuestra familia.
¿Cómo es ella? Os preguntaréis, ella es el amanecer de todos los días, el brillo de un diamante, el sonido del mar, la perfección en el ser humano. Nada que no sepáis los que me leéis, porque ella ha sido, es y seguirá siendo mi niña, mi princesa.
Ella me demostró lo cobarde que soy, pero también lo valiente que puedo llegar a ser.
Cuando la vi supe que era especial, que iba a llenar nuestras vidas, material y emocionalmente. Era pequeñita, con el pelo negro como azabache, ojos grandes, nariz pequeña, tranquila, todavía hoy puedo verla durmiendo en esa cuna de hospital, con su nombre en el cabecero, María del Carmen.
Mi hermana.
La personita más bonita que había visto jamás.
Cuando la vi, no pude cogerla entre mis brazos, algo que si hizo mi hermano. A mí me daba miedo, ¡Era tan pequeña, bonita y frágil!, no, yo no podía cogerla en brazos, ¿Y si se me caía? Eres una adolescente de 16 años, cobarde, ante un ángel recién llegado del cielo.
Mari Paz, Mita, mi hermano y yo, bajamos a los jardines, "a celebrarlo", mi hermano nos hizo varias fotos, fotos que guardo con celo, porque me recuerda lo valiosa que es la amistad. Estás amigas me acompañaron la noche antes, recuerdo esa noche con una nitidez tan clara como si la hubiéramos disfrutado ayer mismo. Mari Paz, que nos dejó hace ya 17 años, lo celebrará y de sentirá feliz desde el cielo , se que, si estuviera, nos estaríamos riendo toda la tarde recordando esa noche y esta mañana. Mis abuelos, también estarán de celebración, todavía recuerdo la cara de felicidad de mi abuela, y a mí abuelo mirándola tiernamente, reconociendo a una nieta más.
Muchas personas nos han dejado en estos años, muchas personas que hoy estarán celebrando este día como celebraron el nacimiento acompañándonos en nuestra felicidad. Solo he puesto a 3, pero son muchos, y de todos me acuerdo hoy. Porque la alegría y felicidad que trajo, mi hermana, bajo el brazo la trasmitió, sin saberlo, a todos los que nos rodeaban y nos querían, ella unió, sin saberlo, a muchas almas, que hoy brindarán por ella y la seguirán protegiendo.
Hoy brindo por todos los que nos acompañastéis este día, por los que estáis, por los que faltáis y por los que habéis llegado. Porque todos habéis ayudado en el crecimiento de la mejor persona que he conocido, una persona que se ha convertido en una MUJER, así, en mayúsculas, grande de alma y corazón, siempre rodeada de amor, por eso, ella es amor puro y amor da tanto o más como recibe.
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