Fanty, el elefante abandonado

Había una vez, un elefantito llamado Fanty, que estaba solo y triste.
Estaba solo y triste porque su familia le había dejado tirado en la calle, en frente de unos cubos de basura.
Cuando yo bajé a dejar desperdicios, me encontré con su mirada, una mirada de pena de súplica.
Él me preguntó: 
- ¿Por qué estoy aquí? ¿Por qué estoy solo?
Las lágrimas resbalaban por sus mejillas.
Yo le respondí:
- No lo sé, ¿Quién es tu familia?
- Yo vivía en una casa grande, mi niña, se llama Tar, y tiene un hermano que se llama Luca. Tar tiene 16 años, la conocí cuando era muy, pero que muy pequeñita, todavía no andaba, y, para mantenerse erguida se sujetaba a mi cuerpo.
- ¿Por qué te habrán dejado? - pregunté de nuevo 
- No lo sé. - dijo Fanty- Es verdad que, hace ya mucho, que no me sacaba de su habitación, estaba en lo alto de su armario, pero, todas las noches, al acostarse, me miraba y me deseaba felices sueños. Tar es dulce y cariñosa, pero, últimamente, pelea mucho con sus padres. Creo que no la entienden, o que ella no les entiende a ellos.
- ¡Jo! Sigo sin entender porque te han dejado aquí. - seguí para ver si conseguía explicarse.
- Ahora que estoy hablando contigo, voy recordando momentos. Recuerdo cuando llegué a casa, recuerdo que había muchos más regalos. Yo iba en una caja, envuelto el papel brillante, con un lazo de color rojo de los más vibrante. Luca empezó a abrir paquetes, les oía reír, carcajada tras carcajada, grititos de sorpresa. Había muchas cosas, un muñeco de acción para Luca, una colonia para papá, un vestido para mamá, una bicicleta para Luca, unos libros para Tar, y, cuando tocó que me abrieran, aparecí yo, sonriente. Tar, que era muy pequeñita, empezó a tirar de mis orejas, y a reír como nunca había oído reír a nadie. La sentaron en mi regazo, y sentí la mayor felicidad del mundo. ¡Que bien olía Tar! - así seguía contando Fanty.-
En esos días yo estaba en el salón, siempre cerca de papá, mamá, Luca y con Tar en mi regazo.
Cuando Tar empezaba a mantenerse en pie, se sujetaba en mi cabeza, y, sus primeros pasos, fueron empujándome. Ella era una niña muy feliz, riendo y jugando sola o con sus papis, incluso con su hermano.
Tar ha ido creciendo muy rápido, hace ya mucho tiempo que estaba sobre el armario de su habitación, pero, ayer, ayer hubo una gran pelea, mamá le dijo, "o limpias tu habitación o lo haré yo, tirando todo, pero todo lo que tienes para que te sea fácil limpiar a ti", Tar se rió en la cara de su madre, se portó fatal, y, cuando ha salido hacia el instituto, mamá ha entrado en la habitación y ha empezado a tirar cosas. Entre las cosas había libros, discos, más muñecos, dibujos, cuadernos, películas, juegos de mesa, muchas, muchas cosas. Cuando ha tenido la habitación vacía, solo con la cama, se ha puesto las manos en las caderas y ha dicho "bien, buen trabajo, verás cuando se de cuenta que yo cumplo con mis amenazas". Iba a salir, ya de la habitación, cuando me ha mirado, me ha mirado triste y me ha dicho "tú también, muy a mí pesar, te vas a la basura, Tar ya no es niña de muñecos, ni peluches. Siempre nos quedarán las fotos y los maravillosos vídeos de cuando, Tar, era una niña responsable. Se que volverán estos momentos, pero, ahora, debemos dejarla crecer".
Y, así fue como me dejó aquí, y de nuevo, con una lágrima en los ojos, me dijo: "te dejo fuera, a ver si alguien quiere compartir su vida contigo".
- Entonces - le dije yo - si que sabes porque estás aquí. Me duele el alma verte triste. Yo no tengo niños que quieran tu apoyo pero, puedo darte un espacio en mi casa, quizás, en la habitación con los peluches que ya tengo. ¿Te gustaría?
Las lágrimas de Fanty eran como una cascada, pero el brillo de sus ojos había cambiado. Fanty vino conmigo, cuando llegamos a casa le limpié bien, y le coloqué juntos a mis otros amigos.
Ahora, Fanty es feliz, aunque no deja de recordar a Tar, y no deja de pensar en como de sentirá, en sí le echará de menos, como él la echa de menos a ella.

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