Yo, soy yo, por quien me ha hecho, por quien me ha criado, por quien me ha querido y me sigue queriendo sin dudarlo, por quienes pondrían la mano en el fuego, por mí, sin temor a quemarse, por quienes, siguen viéndome como a una niña pequeña, a pesar de ser una adulta ya, hecha y derecha.
Mis padres.
Mi papá nació recién terminada la, maldita, guerra civil, allá por el año 1940. Tuvo una infancia dura, como la gran mayoría, pero, dentro de lo que cabe, bastante cómoda, ya que, si bien sufrían del racionamiento, tenían la ventaja, en su casa, de tener un pequeño huerto con algunos animales, y comida no les faltaba. Su mesa, siempre, tenía comida, no solo para los 6 que eran de familia, sino también para otros que no tuvieran donde comer. Su mesa siempre era mesa grande.
Mi papá, gracias a ello, es una persona muy generosa, mucho, herencia, creo yo, que le dejaron sus padres, mis abuelos, grandes luchadores.
A papá le encanta una mesa grande, llena de comida, más vale que sobre que no que falte, llena de risas, conversaciones y complicidades, muchas complicidades.
Papá, siempre que tiene ocasión, sonríe, con esa sonrisa tierna y dulce que enamora a todos los que le conocen.
Mi mamá, ella nació en el 44, plena y dura posguerra, también conoció las cartillas de racionamiento, tampoco, en su casa, tuvo excesivas penurias, ya que su padre, estibador de pro, siempre suplía las carencias de las cartillas de racionamiento. Otra ventaja que tuvo, fue ser hija única, una hija mimada y querida, no solo por sus padres, sino también por sus tíos y tías, y criada junto a sus primas, por lo que, siendo hija única, se crió, y educó, como si fuera hija de una familia numerosa.
Mi mamá es fuerte como una roca, es nuestro muro, quien se carga muchos trabajos para no tener que pedir ayuda, porque, mientras ella pueda, ella quiere. Es persistente, inteligente como pocas, una mente privilegiada, que, ahora, debe luchar contra viento y marea para cuidar a papá, cosa que hace con todo su amor y dedicación, con nuestra ayuda.
Mi papá y mi mamá, se aman como el primer día, a pesar de llevar juntos 60 años, se conocen desde siempre, y son tal para cual, a pesar de las regañinas, de las peleas y de sus maravillosas discusiones, siempre se tienen y se quieren como si no hubiera un mañana.
Así que sí, cuando digo que soy hija, lo digo toda orgullosa, porque, mis padres, son los mejores papás del mundo, porque sin ellos, yo no sería quien soy, y que por ellos, daría, no solo mi tiempo, que es lo que les estoy dando últimamente, sino también mi vida. Quiero que sean felices, y, por poco que yo pueda, no les va a faltar nada para serlo.
Papá, mamá, os quiero mucho, sois los mejores del mundo mundial

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